Qué se esconde tras el auge de la ultraderecha en España
España vive un ciclo político marcado por la polarización extrema, desinformación, crisis institucional y un crecimiento sostenido de la ultraderecha. Este fenómeno no surge de la nada: es el resultado de una década de crisis económicas, conflictos territoriales, estrategias partidistas y dinámicas mediáticas que han transformado el ecosistema político español.
Este post
analiza cómo se construyó este clima, con especial atención a varios momentos
decisivos que se produjeron en las últimas dos décadas.
1. España no viene de una democracia recién nacida: viene de una dictadura
reciente
Si hay algo
que diferencia a España de otros países europeos, es que llega al siglo XXI con
la andadura de una dictadura de 36 años y una transición pactada.
Pero esta
transición aunque se llevó a cabo con amnistías y la redacción de una
constitución, nunca reparó el daño emocional que se había generado durante la
dictadura a una parte de la sociedad.
Asimismo, en
esta primera etapa de la transición no se acaban de depurar ciertas
instituciones, como la judicial, la militar y la policial, como sí que ocurrió,
por ejemplo, tras la caída de los gobiernos nacionalistas en Alemania o Italia
tras la segunda guerra mundial.
En esta
etapa de transición:
- La justicia mantuvo doctrinas y
redes internas heredadas del franquismo.
- El ejército conservó culturas
jerárquicas y nacionalistas durante décadas, que se moderaron con la
profesionalización de la institución a partir de principio de siglo.
- La policía y la Guardia Civil
mantuvieron estructuras del régimen.
Esto no
implica que estas instituciones sean antidemocráticas hoy, pero sí que su
evolución fue incompleta, y eso influye en cómo se perciben sus decisiones
y cómo se politizan sus actuaciones.
2. La crisis económica (2008–2014): el inicio del ciclo
En 2007
estalla la burbuja inmobiliaria en España (popularmente conocida como “crisis
del ladrillo”), y unos meses después estalla la crisis económica y financiera global.
Estos dos
acontecimientos generan rápidamente una precariedad estructural que generará
desempleo masivo, pérdida de expectativas, desconfianza en los partidos de
gobierno (PP y PSOE), y aparece por primera vez la desigualdad generacional (donde
se habla de que asistiremos a la primera generación de jóvenes que serán más
pobre que la de sus padres).
En este periodo, se crea una fuerte crisis institucional y de confianza de los grandes partidos, que han tenido que acatar dictámenes de la Unión Europea, rescatar bancos sin que tengan que devolver el dinero entregado, han elaborado reformas laborales que generarían pérdida de derechos a los trabajadores, abaratamiento de los despidos y reducción de salarios, entre otras cuestiones.
Este
malestar no disparó a la ultraderecha, pero preparó el terreno emocional
para que surgieran discursos extremos.
3. La irrupción de Podemos (2014–2015): el sistema reacciona
Podemos
canaliza el 15M, accede a las instituciones y rompe el bipartidismo (obtiene 69
escaños en su primera presentación en las urnas en 2015, que mantiene en 2016
con 71 escaños).
Para
sectores políticos, mediáticos y judiciales, esto se interpreta como una amenaza
al orden surgido en 1978. Por primera vez desde entonces, se ve peligrar el
bipartidismo moderado, y entra un nuevo actor, que quiere romper esta
institucionalidad de la política, y acercarla a la calle. Es en este momento
cuando surge el término “Casta”, para señalar a la vieja política.
Esto pone en
la diana a Podemos, y comienza una guerra sucia contra esta organización:
- Informes policiales falsos
(como el PISA).
- Filtraciones interesadas a
medios.
- Acusaciones de financiación sin
pruebas.
- Múltiples causas judiciales que
luego se archivan.
- Tertulias construidas para
desgastar emocionalmente al partido.
El objetivo
era claro:
Deslegitimar
a Podemos para frenar su ascenso.
Pero el
efecto fue mucho más profundo, y se traspasaron líneas que nunca se debieron
traspasar, que desenmascararon a diferentes actores, generando un posterior
desprestigio de algunas instituciones, haciendo resurgir, en un sentido y en
otro, la falta de depuración tras la transición.
4. La construcción del enemigo interno
A partir de
2015, el PP con la ayuda de ciertos medios, resurge el término “comunista” al
referirse a Podemos y deja de ser una etiqueta ideológica y se convierte en un
arma política, para deshumanizar, activar el miedo y dividir identidades.
Este es un
punto clave, ya que la construcción del enemigo interno se normaliza en
España.
El PP creía
que:
“Si destruimos
a Podemos, recuperaremos votos, y mantendremos el bipartidismo”
Y activó una
estrategia basada en el:
- miedo al “comunismo”,
- guerra cultural,
- polarización mediática,
- judicialización de la política,
- desinformación emocional.
Pero esta
estrategia tenía un efecto colateral que el PP no anticipó. La estrategia del
PP radicaliza a parte del electorado:
- normaliza el miedo,
- normaliza el insulto,
- normaliza la confrontación,
- normaliza la política
emocional,
- normaliza la idea de que
“España está en peligro”.
Pero el PP
es un partido institucional, y no puede competir en épica, identidad,
confrontación total y narrativa de orden duro.
Cuando llega
el conflicto catalán a su cúspide (2017) y la inmigración crece (2018–2024), Vox
aparece como el heredero natural de ese clima.
El votante
radicalizado no vuelve al PP. Se va a Vox.
5. El conflicto catalán (2017–2019): la chispa que enciende la gasolina
La crisis
catalana activa diferentes espacios emocionales, como son el miedo a la pérdida
de una parte del territorio, la indignación nacional, la sensación de
humillación del Estado, la demanda de mano dura y la reactivación de la
identidad española.
Pero ese
espacio emocional no lo ocupa el PP, sino que es Vox quien lo hace suyo,
basándose en un discurso duro, centralista, de épica nacional y narrativa de
orden.
Es en este
periodo cuando se activa el artículo 155, y se procesarán a diferentes cargos
del “procés”. Y es precisamente, en este ambiente que Vox da un salto
electoral, y obtiene en 2019 un total de 52 escaños.
Este hecho
hace saltar las alarmas, y empieza un proceso de desescalada de la tensión. Con
la llegada a la Generalitat de Catalunya de Pere Aragonés, se inicia un proceso
de negociación bilateral con el estado, que acabará rebajando la tensión, tras algunos
acuerdos importantes como fueron indultos, traspaso de Rodalies, inversiones en
infraestructuras, … Y una vez ya menos tensionado el tablero político por este
eje, surge el compromiso del PSOE de tramitar la ley de amnistía, como condición
para garantizar el apoyo de Junts a la investidura de Pedro Sánchez tras las
elecciones de 2023.
Esta
desescalada tuvo efectos, conteniendo el crecimiento de Vox, que perdió en
torno a 600.000 votos, y un cambio de gobierno en Cataluña posteriormente, con
la presidencia de Salvador Illa, simbolizando el cambio de ciclo en 2024.
Pero a
medida que iba perdiendo fuelle el conflicto, y aunque Vox en la elecciones de
2023 intentó reactivarlo en su campaña electoral con un discreto éxito, comenzó
a poner en el centro de la diana también la inmigración.
6. La inmigración como eje de conflicto contemporáneo
Mientras
España vive el conflicto territorial, la inmigración crece como nunca:
- más de 600.000 personas netas
al año, pasando de cerca de 1 millón de inmigrantes en el año 2000, a
cerca de 7 millones a finales de 2024.
Vox une dos
narrativas:
- “España se rompe por dentro”
(Cataluña).
- “España se desborda por fuera”
(inmigración).
Este doble
eje es idéntico al que usaron los nacionalismos radicales en los años 20 y 30
del pasado siglo.
En este
sentido, Vox se centra mucho en su discurso en que los inmigrantes se nos
llevan los recursos, los trabajos y la vivienda, reduciéndose el alcance para
los autóctonos. De ahí, que su último lema en las últimas elecciones
autonómicas haya apuntado a ello, convirtiéndose en casi un slogan de marca:
“Prioridad Nacional”, que pone las personas de España por delante del
inmigrante como medida atrayente para postularse entre la población.
7. Medios y redes: el nuevo equivalente de la propaganda
Pero el auge
de una determinada dinámica política no puede llevarse a cabo, si no hay medios
que lancen propaganda y amplifiquen las cosas. Los medios siempre han sido un
arma poderosa.
Ya en la década
de los 90, la prensa conservadora había lanzado una operación mediática para
desgastar al PSOE y hacer llegar al poder al PP. En los últimos años, son
diferentes los testimonios de varios exdirectores de algunos de dichos medios
los que han reconocido estos hechos (Luis María Anson – exdirector de ABC, José
Antonio Zarzalejos - exdirector de ABC y El Correo, entre otros), o como
reconocía Francisco Marhuenda: La Razón
quería claramente que ganara el PP y su línea editorial trataba de ayudar a
este fin, igual que todos los medios conservadores de aquel momento.
Por tanto,
no es de extrañar, que determinados medios actúen de parte en todo este
proceso, procesando:
- bulos,
- medias verdades,
- narrativas emocionales,
- insultos ideológicos,
- guerras culturales.
que luego
las televisiones y las redes sociales ya difunden a gran velocidad, y llega a
sectores especialmente sensibles, a los que antes les costaba más llegar, como
es a la gente más joven.
Estas redes
sociales van a jugar con algoritmos y cámaras de eco, que te van a traer
continuamente información para que la visualices, van a ejercer una viralización
emocional, y van a mover de forma acelerada la desinformación.
La mentira
corre más rápido que la verdad. Y la emoción vence al dato.
Si has llegado leyendo
hasta aquí, comprenderás que el auge de la ultraderecha en España no es un
fenómeno espontáneo, sino el resultado de una década de tensiones acumuladas,
decisiones estratégicas y narrativas emocionales. Comprender cómo llegamos aquí
es el primer paso para imaginar cómo podemos salir, y reconducir nuestra
sociedad hacia un punto de menor conflictividad, y reducción drástica de pensamientos
racistas, xenófobos y discriminatorios por tendencia política, sindical, sexual
o de cualquier otro tipo.
Preguntas
que arden
¿Hasta
qué profundidad llegó el efecto PODEMOS en toda esta historia?
Cómo decíamos en los apartados anteriores Podemos
llegó como una nueva organización que fue capaz de aglutinar el malestar que se
desprendía de las calles, del también llamado fenómeno del 15M. Incluso en la
“previa” sus mensajes y argumentaciones no resultaban amenazantes para nadie,
pues podemos recordar las continuas apariciones que Pablo Iglesias hacía en
cadenas de televisión nacionales como tertuliano. Pero fue después, cuando desde
la televisión se da el paso a las instituciones, cuando los sectores
conservadores y económicos se lo toman en serio, y comienza la historia.
Por primera vez en democracia, ya no hay únicamente
dos bloques, sino que aparece PODEMOS
con fuerza, y tras las segundas elecciones generales, que consiguen mantenerse
e incluso crecer, la vieja política pone el grito en el cielo.
A partir de ahí, se comienza a desprestigiar de
diferentes formas a PODEMOS, donde entran en el juego asociaciones, medios,
organizaciones políticas e instituciones (como la policial y la judicial). En
estos años, entran en juego todo un conjunto de estrategias que distan mucho de
un sistema democrático y que comienzan a ejercer una fuerte polarización. En
estos días, de reojo mucha gente ve el fantasma de la dictadura, es decir,
aparece un resplandor que da indicios que las instituciones no se depuraron en
la transición, y que las maneras y las formas de tomar decisiones y los
jugadores, recordaban a la forma de hacer de entonces. Y aquí jugaron todos,
policías que montaron pruebas falsas, jueces que admitían a trámite denuncias
dudosamente fundadas por organizaciones sin ánimo de lucro pero ideológicas,
periodistas que lanzaban bulos y medios que los amplificaban y los mantenían en
pantalla constantemente, y políticos que recogían las noticias falsas y
lanzaban acusaciones, … todo para generar en el adversario un elevado desgaste,
desacreditándolo, tachándolo de supuestos delitos, y relacionándolos con
regímenes de otros países.
Esto el tiempo nos ha permitido ver que ha tenido una
gran profundidad, y que ha desmascarado grandes deficiencias en las
instituciones, y un modus operandi que ha permanecido, en aquel momento contra
Podemos (aunque también se demostró espionajes contra otros partidos políticos
independentistas), y actualmente, se parece bastante a las estrategias
que se están utilizando contra el actual presidente. Estos hechos generan una
grave polarización de la sociedad, mientras unos perciben que se están produciendo
injusticias y se aferran aún más a sus convicciones, por la otra banda, sucede
lo contrario, las continuas campañas de descrédito de los medios, políticos e
instituciones hacia los partidos de izquierdas, calan en una parte de la
sociedad, que acaba haciendo suyas también estas manifestaciones.
¿Las
artimañas fuera de la política para desgastar al rival político define el auge
de la ultraderecha?
Como hemos ido relatando desde el inicio del post el
crecimiento se ha ido generando tras diferentes episodios y circunstancias que
se han producido y mantenido en el tiempo. El desgaste del rival político es
una causa de ello, y sobre todo, las malas praxis utilizadas para tal fin. Pero
la ultraderecha no sólo se mantiene de ello, debe existir caldo de cultivo en
el ambiente, es decir, debe existir malestar social (vimos que el nacimiento de
Vox y Podemos surge después de la crisis económica, con altas tasas de paro en
crecimiento, pérdida de poder adquisitivo, momentos de rescates de bancos pero
no de las personas que se ven atrapadas en hipotecas incluso habiendo perdido
sus viviendas, desahucios, … y un distanciamiento de los partidos mayoritarios),
este descontento lo canaliza Podemos, hasta que el Procés, con la DUI, se
presenta como el momento culminante de la etapa anterior donde la ultraderecha
entra en las cortes.
Igual que sucedió con el auge de la ultraderecha en la Europa después de la 1ª guerra mundial, en estas etapas encontramos ciertas similitudes. Después de la primera guerra mundial, los partidos conservadores radicalizan sus discursos para contener a la izquierda, así lo hizo por ejemplo el Partido Nacional Popular Aleman (DNVP), que comenzó a radicalizar su discurso, y a referirse a las fuerzas de izquierdas como “traidores”, “enemigos internos” o “bolcheviques”, y se alió en 1933 con el partido de Hitler, que acabó devorando al DNVP, desapareciendo la derecha tradicional.
Situaciones parecidas pasaron en Italia, donde los
partidos conservadores, que gobernaban con anterioridad a Mussolini,
arremetieron fundando miedo al comunismo y al socialismo, y justificaron, la
violencia que grupos fascistas arremetían, por ir en favor del orden público. Y
aunque pensaron que podrían contener el auge de Mussolini, al final éste los
absorbió y los dejó insignificantes.
Estos hechos, y otros, nos recuerdan por ejemplo como
el Partido Popular en España, confrontó el discurso de Podemos con un discurso
más agresivo y radicalizado, “acusándolos” de comunistas (haciendo despectivo
el término), y al final ese caldo de cultivo se vio que era más acorde a la
ultraderecha que lo capitalizó.
Vemos también, que la situación de crisis económica
que se produjo en Europa entonces, a principio de los 20’s por la situación de
postguerra tras la 1ª guerra mundial, y a finales de los 20’s y principio de
los 30’s, la gran depresión motivada por la crisis del 29, también es un
paralelismo con la situación actual, motivada por las crisis de la construcción
y económica global de 2007 y 2008.
Pero en toda esta historia, también hay un componente
sentimental: El sentimiento de pérdida.
Tras la primera guerra mundial, Alemania sufre una
pérdida territorial, de prestigio, económica y de identidad nacional (ratificado
en el tratado de Versalles). Esto hace renacer el sentimiento emocional de
pensar que “Nos han quitado lo que es nuestro”, “nos han humillado”, “debemos
recuperar lo perdido”, etc.
En España no venimos de un conflicto bélico, pero sí
de una situación que probablemente hizo disparar los mismos mecanismos
sentimentales con la DUI, al sentir que se podía producir una ruptura del orden
constitucional, una amenaza a la integridad territorial y una pérdida de
control de una parte del país. Por tanto, estos hechos llegan a verse como una
humillación emocional, que deja herida la identidad, y provoca el auge de VOX,
que es quien simboliza más el concepto territorial de la nación.
¿En la actualidad que es lo que mantiene a VOX?
El conflicto Catalán ya desescaló, aunque aún sigue
presente en el discurso, pero ahora el debate que la ultraderecha mantiene con
fuerza es el de la inmigración. La inmigración, junto con el concepto de
patria, creo que son los canales con los que más llega a la gente. Con el
conflicto catalán consiguieron dar un gran salto, pero ahora precisan llevar al
límite otro asunto, que de momento creo que están focalizando en la
inmigración, considerándola como el problema de todos nuestros males. Hay más paro por culpa de la inmigración,
hay más inseguridad por culpa de la inmigración, hay menos ayudas sociales
porque se les da a los inmigrantes, la sanidad y la educación funcionan peor
por la inmigración, …
La inmigración siempre ha estado en mayor o menor
medida, pero cuando hay malestar social percibido en las familias, buscar un
culpable es un efecto que la mente siempre se apresura a racionalizar, pues a
nuestro cerebro no le gusta mantenerse en ese estado de inestabilidad. El país
está lejos a nivel macro de la situación de crisis que vivió hace más de una
década, pero estamos en un periodo continuo de inflación, donde los salarios no
suben al mismo nivel en muchas ocasiones, y donde éstos se desplomaron en gran
parte después de la crisis económica, y nunca llegaron a recuperarse a niveles
anteriores, y a ello, también hay sumarle el alto precio al que se han
disparado en los últimos años los alquileres y viviendas.
¿Qué hace tan poderosa a las redes sociales en el
crecimiento de la ultraderecha?
Las redes sociales han cambiado el paradigma de las
cosas en los últimos años, igual que la IA probablemente lo hará en los años
venideros, y la concordancia de ambas. Hemos visto como en EEUU Donald Trump
pagó una cantidad abrupta a empresas para controlar los algoritmos, y tratar de
influenciar a la gente para que les votara.
Las redes sociales son especialmente útiles para
interaccionar entre las personas. Los mensajes pueden llegar rápidamente a
mucha gente, de una forma muy exponencial. Y además, son grandes polarizadoras.
Las plataformas no premian la verdad, sino que premian
la emoción, la indignación y el conflicto, etc, es decir, éstos detectan que
hace reaccionar y te dan más leña. Todo ello genera cámaras de eco,
radicalización progresiva, burbujas ideológicas (donde acabas compartiendo
comentarios en grupos de tu mismo pensamiento), y la sensación de que los otros
son los enemigos.
Las redes sociales son capaces de entregarte constante
información, y cuando hay tanta información, es más fácil colar desinformación,
pues se hace más abstracta de detectar con tanta distorsión. La velocidad es
otra característica de las redes sociales que las hacen grandes coladores de
bulos. Cuando sucede alguna cosa, en pocos minutos ya puedes tener información
de ello, verdadera o falsa, pero a los pocos minutos ya puedes tener nueva
información sin que hayas podido aún asimilar la anterior, por lo que al final
se llega a un estado de lector no crítico, incapaz de pararte a pensar las
cosas, pues éstas te sobrepasan. Las cámaras de eco, acaban enviándote
continuamente información enfocada a confirmar tus ideas.
Cuanto más tiempo utilizas las redes sociales de forma
no consciente, más expuesto estás a la manipulación, y más probabilidad de
radicalización de pensamiento.
En conclusión, las redes sociales pueden:
üAislarte de ideas distintas.
ü Encerrarte en una burbuja algorítmica.
ü Activar sesgos cognitivos que te hacen rechazar lo contrario.
ü Generar ira ante opiniones diferentes.
ü Radicalizar tus posiciones.
ü Distorsionar tu percepción del mundo.
La ultraderecha
ha invertido mucho dinero en redes sociales, ya que sus discursos más
radicalizados sabían que por lo medios convencionales no iban a tener una gran
cabida, por lo que la información que se mueve de tendencia fascista y
ultraconservadora, es más elevada que la de otras tendencias, que al ser
discursos más extremistas y polarizadores, los algoritmos y las cámaras de eco
los difunden con más alcance.
¿Qué
pasa por nuestro cerebro para que nos atrapen las redes sociales y se
radicalice nuestro discurso hacia dictámenes de odio y políticas
ultraconservadoras?
Las redes sociales conocen los videos que más ves, en
los que reaccionas dando un “like” o reenviándolos, o en los que emites
comentarios, y consigue realizarte un perfil, para enviarte más videos y
mensajes que te animen a seguir reaccionando.
Los mensajes que lanza la ultraderecha suelen entrar
mucho mejor en toda esta cadena, debido a que son mensajes con contenido amenazante
o que incitan al miedo (con contenidos de inmigración, inseguridad, ruptura
territorial, etc). Es precisamente en este sentido, que el cerebro presta más
atención a lo que le asusta que a lo que le informa, es el “mecanismo de amenaza”,
en el que interactúa la amígdala. Es por lo que los mensajes amenazantes crean
más adicción que el algoritmo percibe y te retroalimenta.
Según Daniel Kahneman, el cerebro tiene dos formas de
funcionar. Rápido, emocional e impulsivo, o bien, lento, racional y analítico.
Las redes sociales, y en especial, los mensajes que utiliza la ultraderecha
funcionan en la primera forma, por tanto, entran en nuestro cerebro no de una
forma racional ni analítica. Esto genera, cuando hay una repetición continua de
mensajes que van en la misma línea, que el cerebro crea que esa información,
imágenes o mensajes son ciertos, por el simple hecho de haberlos percibido en
numerosas ocasiones, además de que activa el sesgo de confirmación. Por otro
lado, el hecho, de que estos mensajes te lleguen de diferentes personas o
cuentas, te genera la sensación de que son muchos los que tienen ese
pensamiento, y aparece el “tribalismo” (donde actúa la corteza prefrontal y
sistema límbico). La cuestión es que el cerebro humano está concebido para
vivir en grupos, y surge la necesidad de defenderlo, lo que genera la
polarización de tu discurso frente a otros, a los que visualizas como rivales,
y radicalizas tu reacción, como mecanismo de defensa.
¿Entonces, estamos condenados a un continuo crecimiento
de la ultraderecha en España, o esto tendrá un punto y final?
El auge de los últimos años de la ultraderecha no se está produciendo únicamente en España, sino que también en Europa y en otras partes del mundo, por lo que ello ha permitido crear una estructura a nivel internacional, que anteriormente era mucho más débil. Y cuando una estructura está más extendida y arraigada, es más complicado o lenta su desaparición o reducción.
En cualquier caso, la mejor arma para que la
ultraderecha deje de estar tan presente, es mediante la eliminación o
atenuación de los miedos o amenazas que predica. Cuando hablaban de rotura
territorial, en cuanto desescaló el conflicto catalán, las personas ya no veían
tanto esta amenaza, por lo que el discurso de la ultraderecha en este sentido
dejó de tener peso, y ya dejaron de emitirse mensajes en las redes en este
sentido. Con la inmigración pasará lo mismo, en cuanto la gente vea que la
inmigración no es una amenaza, el discurso de la ultraderecha en este sentido
dejará de serlo. Por tanto, hay que ponerle mucha pedagogía, explicar
continuamente el papel del inmigrante en nuestra sociedad actual, que cada vez
está más envejecida, si sólo contáramos personal autóctono, por lo que se va a
precisar mucha mano de obra en los próximos años.
La ultraderecha no crece porque convenza, sino porque
ocupa los espacios donde la democracia se debilita emocionalmente.
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