Tras nuestra alimentación se enconden los PFAS, microplásticos y la incómoda verdad sobre la seguridad alimentaria
Durante décadas nos han repetido que la Unión Europea tiene “los alimentos más seguros del mundo”. Y, en parte, es cierto: los controles son estrictos, la trazabilidad es ejemplar y la legislación es más avanzada que en la mayoría de regiones del planeta. Pero esa afirmación tiene un matiz que rara vez se menciona: seguro no significa libre de tóxicos . Y mucho menos significa que el sistema priorice la salud pública por encima de la comodidad, el precio o los intereses industriales. Hoy convivimos con sustancias que jamás deberían haber llegado a nuestra mesa: PFAS, microplásticos, pesticidas, metales pesados, dioxinas, acrilamida, bisfenoles, ftalatos . No son accidentes. Son el resultado de un modelo que innova rápido, regula lento y corrige tarde . 1. PFAS: los “químicos eternos” que nunca debimos permitir Los PFAS son el ejemplo perfecto de cómo funciona la industria moderna: un material “milagroso” que resuelve problemas técnicos… a costa de crear un problema sanitari...