Se esconde tras el humo: VENEZUELA ¿El nuevo IRAK del Caribe?

 







El Caribe parece tranquilo a simple vista: aguas turquesa, playas paradisíacas, turismo constante. Pero bajo esa superficie, se despliega un tablero militar que recuerda a los momentos más tensos de la Guerra Fría. Buques estadounidenses patrullan la zona, interceptan pequeñas embarcaciones y muestran músculo naval. Oficialmente, se trata de operaciones contra el narcotráfico. Sin embargo, la magnitud del despliegue sugiere otra cosa: ¿Venezuela se ha convertido en el epicentro de una disputa global?


El pretexto oficial

La narrativa estadounidense insiste en que Venezuela es un nodo clave del narcotráfico hacia Norteamérica. Pero los datos contradicen esa versión: la mayoría de la droga entra por Centroamérica y México.


Entonces, ¿por qué tanta presión sobre Caracas?, ¿Por qué se ha producido un despliegue de tal calibre frente las aguas de Venezuela si sólo se desea perseguir el narcotráfico?

La historia ofrece pistas. En Irak, las “armas de destrucción masiva” nunca existieron, pero sirvieron para legitimar una invasión. En Libia, la “protección de civiles” justificó bombardeos. ¿Hoy, el narcotráfico cumple ese mismo papel: es un pretexto para abrir la puerta a la intervención?

El verdadero interés: petróleo y geopolítica

Venezuela no es cualquier país. Posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. 


Controlar ese recurso significa controlar parte del futuro energético global. Para EE. UU., dejar que Rusia, China o Irán conviertan a Venezuela en un bastión sería un golpe estratégico. El despliegue militar en el Caribe es evidente, a ojos de buen cubero, que no busca solo lanchas con droga: busca asegurar que el crudo venezolano no se convierta en un arma geopolítica contra Washington. Esto nos pone en el centro al crudo como el principal objetivo en toda esta historia, más allá de un problema de droga o incluso seguridad, va del control de la energía.

El golpe blando que fracasó

Si miramos hacia adentro de Venezuela, probablemente no podamos otorgarle un aprobado a la gestión económica interna. Ya desde bien entrado el siglo XX, Venezuela ha basado su economía casi exclusivamente en la exportación de Petróleo, apostando todos sus ingresos a una carta, con el riesgo que ello conlleva, y más en un mercado tan globalizado en la últimas décadas, y con gran fluctuación de precios. Además, la corrupción que este mercado ha generado internamente, y los problemas de hiperinflación y devaluación del bolívar desde 2018, han hecho encarecer las importaciones y elevar los precios. Todo ello, además, envuelto de un contexto de sanciones económicas de EEUU principalmente, que han limitado el acceso de Venezuela a mercados financieros y a tecnología para explotar sus reservas, lo que ha conllevado a una situación tensa entre la población que tiene dificultad para obtener en muchas ocasiones productos básicos.

Entre todo esto, en las elecciones presidenciales de 2018 entorno a 50 países declararon no reconocer los resultados de las elecciones por falta de garantías, y en 2019 Juan Guaidó se autoproclamó presidente de la Asamblea Nacional con el apoyo de la oposición. A esto se unió EEUU, que hizo una intensa campaña de reconocimiento, y promovieron sanciones económicas y diplomáticas para deslegitimar y aislar a Maduro, que junto con las movilizaciones internas que se promovieron, se creó una situación de inestabilidad muy elevada. Parecía el inicio de una transición. Pero las Fuerzas Armadas se mantuvieron leales a Maduro. Y el “golpe blando” fracasó. 

Desde entonces, EE. UU. ha endurecido sanciones y presiones diplomáticas, pero sin lograr un cambio de régimen. En este contexto, tras este fracaso político, ¿estamos ante un cambio de estrategia por parte de EE.UU, enfocada ahora hacia la presión militar?

Los aliados de Caracas

Maduro no está solo:

  • Rusia aporta armas, sistemas de defensa aérea y asesoría militar.
  • China sostiene económicamente a Venezuela con préstamos, inversiones y tecnología de vigilancia.
  • Irán ofrece apoyo energético y político.
  • Cuba colabora en inteligencia y logística.

Pero todos están lejos. Rusia está atada en la guerra con Ucrania, China evita confrontación militar directa, Irán carece de proyección global, y Cuba no tiene fuerza militar significativa. Por lo que Venezuela parece estar relativamente sola en el terreno militar, a pesar de estar sostenida económicamente por China.

La estrategia de provocación

EE. UU. desde hace unos meses está desplegando una fuerza, que en las últimas semanas se ha visto desproporcionada en el Caribe. Neutraliza embarcaciones menores bajo la justificación de transportar droga y genera fricciones. El objetivo parece claro: provocar una respuesta militar de Maduro. Si Caracas dispara contra un buque o un dron, Washington tendría el casus belli perfecto, y se vería legitimada para iniciar un conflicto militar contra Venezuela. Incluso la historia, nos ha mostrado, que ni tan siquiera en ocasiones es precisa una respuesta real, como ocurrió, por ejemplo en:

  • Golfo de Tonkín (Vietnam, 1964): EE. UU. alegó que barcos norvietnamitas habían atacado destructores estadounidenses. Décadas después se reconoció que el segundo ataque nunca ocurrió. Sirvió para justificar la escalada militar en Vietnam
  • Invasión de Polonia (1939, Alemania nazi): La operación Gleiwitz: soldados alemanes disfrazados de polacos atacaron una estación de radio alemana. Fue presentada como agresión polaca y usada como excusa para invadir Polonia.
  • Guerra con España (1898, EE. UU.): La explosión del acorazado USS Maine en La Habana fue atribuida a España, aunque nunca se probó. Sirvió para justificar la guerra hispano-estadounidense y la intervención en Cuba.
  • Irak (2003): Aunque no fue un ataque simulado, la narrativa de las armas de destrucción masiva inexistentes funcionó como justificación para la invasión.

El tablero global

Mientras tanto, los países de la OTAN en Europa se han visto presionados por Washington a aumentar su gasto militar, acercándose al 5% del PIB. 

Ello podría obedecer a una lógica: Europa se encarga de contener a Rusia y gestionar Oriente Medio, mientras EE. UU. se reserva libertad de acción en América Latina. 

Quedando China como el verdadero rival económico, capaz de sostener a Venezuela y condicionar los mercados energéticos. 


La Pregunta que Arde

¿Estamos ante una intervención inevitable, o ante un pulso de disuasión que nunca se concretará?

La historia podría repetirse. Irak fue invadido bajo una excusa falsa. Venezuela podría ser el próximo escenario. La diferencia es que aquí hay potencias rivales con capacidad de respuesta indirecta: especialmente China. 

Por su parte Estados Unidos tiene una ventaja geográfica importante, por su proximidad, y porque militarmente no parece que pudiera tener mucha rivalidad militar en la zona, más que la propia defensa de Venezuela, que ya está movilizando tropas, realizando ejercicios militares y lanzando señales a la población civil para una posible incorporación de personal a la defensa nacional.

Estratégicamente, si se tuviera que generar un conflicto, es probable que no tardara mucho en producirse, ya que las características del caribe nos indican que el primer semestre del año es la época más tranquila, ya que en esta época no se esperan grandes tormentas, ciclones o huracanes. A nivel político, el hecho de que Donald Trump haya sido elegido presidente recientemente, le permite disponer de tiempo suficiente para acometer cambios, y a nivel económico, actualmente el precio del barril se encuentra en precios moderados (alrededor de 60-65 dólares el barril, relativamente bajo en comparación con picos históricos) y con inventarios altos, por lo que el posible aumento del precio del barril si se entrara en conflicto con Venezuela, sería más contenido, y no generaría tanta repulsa internacional al no tensar tanto el mercado del crudo.

En cualquier caso, es probable que si EE. UU. decidiera escalar el conflicto, optaría por una operación limitada y rápida en primavera, buscando resultados antes de la temporada de huracanes. Una invasión prolongada sería muy poco viable en términos logísticos y políticos ya que podría quedar enquistada en el tiempo (como sucedió con Irak o Afganistán), ya que el Caribe no ofrece las condiciones para sostener un conflicto abierto de larga duración, al no poder disponer de apoyo naval y aéreo en gran parte del año por los condicionantes meteorológicos, y por el alto coste que ello supondría para la economía americana, y para la economía global, que vería aumentado el precio del crudo inevitablemente.

Si se concretará o no una intervención, seguro que no será por el narcotráfico, en el trasfondo, tras el humo, se visualiza el crudo.



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